Ora estela, ora olvido

Mi esencia es carecer de sustancia. Es saberme sin sustancia, pero mantenerme buscándola. Soy la nada (o aquello que imagina el niño que pretende saltarse los límites del espacio y el tiempo cuando se pregunta por la nada), la forma sin contenido, el reflejo del aire, la huella de un fantasma, del de mi madre; la hendidura del olmo seco, el espacio que separa a Narciso de su reflejo en el que no ve nada. Percepción, espacio-que-separa, ondas de agua: formas sin contenido: nada.

Al salir del vientre materno, antes de abrir la boca y llorar, ya pagamos el óbolo. Pasa un minuto, pasan horas, empiezo a ser olvido, a dejar de ser. Caronte rema… Atrás: estela. Ya es nada.

Caronte rema, lo veo, me ve. Esa figura que rema y que con su quehacer abrasador borra todo a su paso soy yo, borrándome.

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Cogito sobre Descartes

Gran filósofo, gran matemático. Intento de científico. Aún arrastraba muchas ideas escolásticas. Dicen que el cogito lo había planteado ya San Agustín. Lo formaron los jesuitas, los que después de tanta Edad Media seguían implantando la Santa Inquisición.

Le gustaba estar solo y levantarse tarde. En uno de esos solitarios días pensó el cogito. Y todo esto para tener una base de conocimiento más firme.

Al estar dudando, de lo único que no podría hacerlo era de eso mismo: pensar. De ahí llegó al “yo pienso”. Y como, según él, el pensamiento debía ser pensado por algo, ese algo debe existir: “pienso luego existo”.

Sin embargo, según nos cuenta Russell, debió formular su base sólo con “hay pensamientos” y nada más. El “yo” es problemático, pues el pensador, quien contiene al pensamiento, no se deduce necesariamente del pensamiento. Russell y su lógica.

Trajo entonces el subjetivismo: se mostraban más reales los pensamientos propios que los extraños; y el idealismo: de las ideas se deduce lo demás, la materia, no al revés.

Y así se inicia la llamada Época Moderna.

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